Edvard Munch y Pablo Picasso nunca coincidieron ni se influyeron de forma directa. Y, sin embargo, los dos abrieron el camino del arte moderno a partir de una misma intuición: poner la emoción en el centro de la creación. El Museo Picasso Málaga los sienta frente a frente por primera vez en Munch-Picasso, una de las grandes exposiciones de la temporada, que abrirá sus puertas el próximo viernes 30 de octubre y podrá visitarse hasta el 28 de febrero de 2027.
Más de cien obras
La muestra reúne más de un centenar de pinturas, grabados y dibujos del noruego, nacido en 1863, y del malagueño, nacido en 1881. Es posible gracias a la colaboración del Museo Munch de Oslo y de la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, y cuenta con el apoyo de la Fundación Unicaja. Se exhibirá en el Palacio de Buenavista, sede del museo en pleno centro histórico de la ciudad.
Afinidades, no influencias
La comisaria, Paloma Alarcó, que dirigió durante más de treinta años el departamento de pintura moderna del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, ha planteado un recorrido que no busca influencias, sino afinidades. El amor y el deseo, la enfermedad, la muerte, la soledad y la angustia existencial vertebran un discurso en el que ambos artistas se miran como en un espejo.
Las mujeres tienen un protagonismo especial en el recorrido. En la obra de ambos aparecen a la vez como objeto de deseo y como figuras inquietantes y difíciles de descifrar, un reflejo de los conflictos emocionales de los dos pintores. La exposición reserva también espacio al desnudo.
Cafés, cabarés y bohemia
La vida urbana es el otro gran territorio compartido. Las tertulias de café, el cabaré y la noche bohemia sirvieron a los dos como laboratorio y como observatorio desde el que reinventar el retrato del hombre y la mujer modernos.
Munch-Picasso culmina un año intenso para el museo malagueño, que antes ha dedicado sus salas a Elena Asins y a Joana Vasconcelos. Con esta propuesta, Málaga se postula como una de las citas culturales imprescindibles del invierno.



