Hace poco escribí aquí sobre el ruido. Sobre esa costumbre tan nuestra de hablar todos a la vez y escuchar casi nunca. No pensaba volver tan pronto.
Desde que Maricarmen salió de su casa, la vivienda se ha convertido en un estruendo. Tertulias, pancartas, hilos interminables, declaraciones que se contestan antes de terminar. Todo el mundo tiene una opinión y casi todo el mundo la grita. No voy a sumar la mía al griterío. No hablaré de leyes ni de partidos: para eso ya hay demasiados micrófonos encendidos.
Prefiero hacer otra cosa. Bajar el volumen.
Porque cuando lo bajas, en la Puerta del Sol se oye algo distinto. Se oye a una mujer de 87 años que vivió setenta en el mismo piso y que solo pedía quedarse. Se oye que, desde la cama de un hospital, todavía sacó fuerzas para mandar ánimo a quienes dormían en una plaza por gente como ella. Y se oye que no llegó a volver.
Se oye también a los de las tiendas. Chavales que siguen durmiendo en la habitación donde fueron niños. Parejas que hacen planes en voz baja, por si acaso. Gente mayor que mira a esos chicos y ve a sus nietos. Han ido porque les duele algo que no saben decir de otra manera.
Si se les escucha de verdad, lo que piden cabe en muy poco. Nadie pide un palacio. Piden una puerta, una llave, un sitio al que volver.
Los medios tenemos la mala costumbre de ponerle el micrófono al que más grita, porque el grito se comparte y el susurro no da titulares. Yo el primero. Pero las historias que importan casi nunca llegan a gritos. Llegan como llegan las cosas que duelen: en voz baja, cuando ya nadie mira.
Una casa no es un lujo. Es el principio de todo lo demás. Sin ella no hay descanso, ni planes, ni nadie esperándote. Y eso no va de colores: va de cualquiera que alguna vez haya metido la llave en su cerradura y haya sentido alivio.
Así que hoy propongo lo contrario de lo que se espera de una columna. No opinéis tan rápido. Escuchad primero.
Por una vez, no pido que suba la música. Pido que bajemos el volumen.
Hoy a las 20 intentamos mostrar ese silencio con otras voces…
Esta noche presentamos un sitio al que volver, tu hogar…


