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Sonariva Magazine

29.10.2026Cultura · Música · Televisión

A ti querido balón

Nuestra vida está llena de recuerdos alrededor de un objeto esférico, un objeto de cuero que siempre termina sacándonos una sonrisa.

Balón en cancha

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No recuerdo exactamente cuál fue el primer balón que me regalaron, pero si podría afirmar que casi todos. Todos esos balones que luego patee por casa (para desgracia de mi madre) y luego en la calle con los amigos.

Recuerdo el balón de la liga española del 96-97, aquella que ganó el Madrid de Capello, recuerdo el Federnova , que me regaló mi abuelo cuando supuestamente íbamos a comprar unos zapatos. Recuerdo el balón amarillo de la liga de los 2004, y alguno mas con el que mi hermano y yo debimos romper algo por casa. 
Pero el balón no solo esta en mis recuerdos, y en mi presente, como algo físico si no como concepto, como algo abstracto asociado a un sinfín de emociones, las cuales empezaron a surgir el buen día, que mi padre me lo presentó. Y desde ese punto hemos tenido una relación de amor / odio (más de amor por supuesto) que lleva décadas existiendo. 
Como dicen algunos, el Fútbol es la cosa mas importante de las cosas menos importantes de la vida (y coincido), pero para los amantes del balón nuestra vida siempre se ha enredado cerca de él. De la pelota, del esférico, de la redonda, de la bola, de como lo quieran llamar. De ese concepto físico o abstracto que al cruzar la línea de gol hace la alegría inunde el cuerpo de miles de personas por un mismo acto. 
Alrededor del balón, se crean recuerdos de pasión, que quizá solo los locos del fútbol entendamos, pero donde hay un balón, hay un abrazo, un grito, una decepción, una alegría, pero en casi todos momentos hay una emoción que compartir. No solo jugándolo, también viéndolo desde el televisor o desde la grada de un campo de barrio. 
Porque hay algo mágicamente universal en ver rodar ese trozo de cuero. Hay una complicidad silenciosa que se activa en nosotros cada vez que lo vemos botar, un instinto primario que nos empuja a querer controlarlo, a darle un pase al compañero o a reventarlo contra dos piedras que hacen de portería improvisada. Da igual los años que tengamos, las responsabilidades o lo mucho que nos pese el cuerpo; cuando aparece una pelota en el suelo, todos volvemos a ser de inmediato los niños que se desgarraban las rodillas en el asfalto y jugaban la final de la Copa de Europa cada tarde con los amigos.
Al final, nuestra historia no se mide en calendarios, sino en los balones que han marcado cada etapa de nuestra vida. Es el hilo conductor que une los consejos mudos de un padre, la generosidad de un abuelo que cambia zapatos por ilusiones, y las tardes eternas de complicidad con un hermano. El fútbol nos conecta directamente con nuestra propia esencia y con la gente que estuvo ahí para enseñarnos a amarlo, convirtiendo un simple objeto redondo en el guardián de nuestros recuerdos más felices.
Y por eso este es el primer artículo debía ser para ti, porque te lo debía , mi amigo esférico, tú que me hiciste soñar, que me hiciste llorar, pero tú que nunca fallas.

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