Abre cualquier plataforma un martes por la tarde y cuenta cuántas voces te hablan a la vez. Cuenta después cuántas tienen algo que decir. La distancia entre ambas cifras es el estado real de los nuevos medios online.
Internet democratizó el micrófono. Pero abrir la puerta a todos también dejó entrar el ruido: contenido fabricado en serie, titulares diseñados para el clic y no para el lector, programas que existen porque el algoritmo los pedía y no porque alguien tuviera algo que contar. Hay muchísima basura, y lo más inquietante es que ya casi no escandaliza.
Además, no siempre huele mal. A veces llega bien producida, con buena luz y buena voz, y por dentro está vacía. La técnica hoy está al alcance de cualquiera; lo escaso es el criterio. Cuando todo se puede hacer, lo difícil es decidir qué merece hacerse.
En ese paisaje aparece Sonariva, y conviene decir qué es. No es una emisora más en el dial: es un medio con radio y televisión, con jingle propio y una identidad que cabe en una frase, Sube la música. Sube la vida. Su señal visual no se limita a poner una pantalla delante de una canción: integra la hora, la actualidad, el tiempo, la programación, el fútbol y lo que suena ahora mismo. Detrás hay canales, panel y servidor propios. Lo ingenioso está en el oficio: entender que un medio se sostiene por lo que ofrece a quien lo enciende, no por lo que dice de sí mismo.
Y aquí toca hablar del ego. Es el combustible de cualquiera que monta un medio: hace falta convicción para creer que el mundo necesita una voz más. Pero es un combustible peligroso. El mismo ego que te empuja a empezar te convence de que ya lo sabes todo y confunde audiencia con aplauso. Buena parte de la basura de la que hablábamos es eso: ego sin nadie al otro lado.
La diferencia entre un medio y un monólogo está en a quién mira. Quien hace esto, yo el primero, convive cada día con esa tentación, y lo honesto es ponerle contrapeso: pensar en quien escucha y ganarse cada minuto de su atención.
Este magazine nace con esa vocación. No prometemos tener razón en todo; prometemos criterio, curiosidad y la incomodidad sana de preguntarnos si cada pieza aporta algo.
Que Sonariva suba la música. Nosotros intentaremos que suba el nivel.
Sr. Sonarivo


