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29.10.2026Cultura · Música · Televisión

Plataformas 2 min de lectura

Gènesi: sabrosa, rigurosa y demasiado respetuosa

La serie de 3Cat sobre Ferran Adrià y El Bulli tiene en Miquel Fernández una interpretación memorable y un rigor gastronómico poco habitual. Le falta atreverse con las grietas del genio.

Fotograma de la serie Genesí

Genesí

La historia de un chaval de L’Hospitalet que entra a fregar platos en un restaurante perdido en cala Montjoi y acaba convirtiéndolo en el mejor del mundo parecía escrita para la pantalla. Gènesi, dirigida por David Pujol, se estrenó el 21 de septiembre en TV3, en la plataforma 3Cat y en el Festival de San Sebastián, y más adelante llegará a Netflix.

Dos tiempos
La serie, de seis capítulos, sigue a Ferran Adrià desde su llegada a El Bulli en los años ochenta, cuando conoce a Juli Soler, hasta el cierre del restaurante en 2011. En paralelo, una trama de ficción ambientada en 2025 sigue a Glòria Canabach, una crítica gastronómica que vuelve de Estados Unidos y decide reabrir el restaurante familiar junto a su sobrina.
Lo que funciona
Miquel Fernández es el plato estrella. Interpretar a Adrià era una trampa perfecta, y el actor esquiva la parodia con una evolución creíble del chaval tímido al genio magnético. La cocina es otro acierto: cocineros que trabajaron en El Bulli elaboraron los más de setenta platos que aparecen en pantalla, elegidos entre los 1.846 que se crearon en el restaurante. Es una serie que da hambre. La producción tiene factura internacional, con Ivan Massagué, Mónica López, Carlos Cuevas o Mario Gas en el reparto.
Lo que no termina de funcionar
Cuando el protagonista real avala la serie y la define como la mejor de gastronomía jamás hecha, cabe preguntarse hasta dónde puede ser crítica. La mirada sobre Adrià es admirativa y se echa de menos fricción: el coste de la obsesión o las críticas que recibió la cocina de vanguardia. La trama de las Canabach compite con una historia real mucho más poderosa, y cada vez que la serie abandona El Bulli el ritmo baja. El reparto es desigual y, a ratos, asoma un tono de postal institucional.
Veredicto
Gènesi demuestra que la ficción en catalán puede competir en el escaparate internacional. Le falta el atrevimiento de su protagonista: romper sus propias reglas. Adrià ya pide una segunda temporada. Ojalá, si llega, se atreva a contar también lo que duele. Mientras tanto, el menú merece la pena.

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