En 1936, meses antes de ser asesinado, Federico García Lorca empezó a escribir La bola negra, su primera obra con un protagonista abiertamente homosexual. Solo llegó a escribir cuatro páginas. El título aludía a una costumbre de los clubes de la época: bastaba una bola negra en la votación para dejar fuera a un candidato. Noventa años después, Javier Calvo y Javier Ambrossi han recogido ese manuscrito huérfano para preguntarnos quién sigue repartiendo bolas negras hoy.
La bola NEGRA
Tres hombres, tres Españas
La película es un tríptico: tres hombres homosexuales en 1932, 1937 y 2017, unidos por el deseo, el miedo y el texto que Lorca nunca terminó. El guion, escrito junto a Alberto Conejero, autor de La piedra oscura, se mueve entre el misterio literario, el melodrama y la elegía.
Un reparto a la altura
Guitarricadelafuente debuta como actor con una naturalidad que desarma. Miguel Bernardeau firma su trabajo más maduro como Rafael Rodríguez Rapún, el amor silenciado de Lorca. Lola Dueñas y Glenn Close elevan cada escena en la que aparecen, y Penélope Cruz protagoniza el momento que todos recordarán: un número transformista en plena Guerra Civil. La fotografía de Gris Jordana, rodada en 35 milímetros, y la música de Raül Refree completan un acabado técnico impecable.
Lo que no termina de encajar
Sus dos horas y media pesan, sobre todo en la línea contemporánea. Por momentos, la película parece más pendiente de transmitir un mensaje que de contar una historia, y no todas las épocas tienen la misma fuerza. Son defectos de ambición, no de falta de ella.
Por qué la necesitamos
La bola negra habla del pasado, pero es una película sobre el presente. Recuerda a quienes fueron perseguidos y borrados, advierte de que los derechos pueden retroceder y demuestra que las historias LGTBI merecen los mismos medios y la misma ambición que cualquier otra. Cuando un chaval de pueblo se ve reflejado en una película que medio mundo aplaude, entiende que no está solo. Necesitamos esta película, y muchas más como ella.
Lorca dejó cuatro páginas. Los Javis han escrito el resto con la única tinta posible: la memoria.



